Cómo me ven los demás y cómo me veo yo

La desconexi√≥n entre c√≥mo nos percibimos a nosotros mismos y c√≥mo nos perciben los dem√°s, y exactamente cu√°l de estas percepciones constituye la ¬ęrealidad¬Ľ, es una cuesti√≥n que me parece extremadamente sugerente en relaci√≥n con la imagen corporal.
Nuestra sociedad, que bombardea constantemente a sus mujeres con im√°genes de un ideal muy exclusivo, poco variado y, por lo tanto, en gran medida inalcanzable, ha dado lugar, naturalmente, a una generaci√≥n de mujeres y ni√Īas que pasan incontables horas obsesionadas con la ¬ęinsuficiencia¬Ľ de sus propios cuerpos. Este tedioso autoescrutinio al que nos sometemos a diario puede hacernos sentir que nosotras mismas tenemos la percepci√≥n m√°s completa de nuestro propio cuerpo. Si s√≥lo soy yo quien pasa el tiempo suficiente mirando mi cuerpo desnudo para notar las estr√≠as en mi est√≥mago y los tama√Īos min√ļsculos de mis pechos, entonces seguramente mi percepci√≥n de mi cuerpo es la m√°s acorde con la realidad, ¬Ņno?
La cuesti√≥n es que, cada vez que nos miramos en un espejo, nuestra respuesta a lo que se refleja en √©l est√° contaminada por una cr√≠tica arraigada. Al juzgar mi reflejo con un criterio que me ha ense√Īado a considerar ¬ędefectuosas¬Ľ ciertas partes de mi cuerpo, me estoy insensibilizando poco a poco a las partes de m√≠ misma con las que estoy contenta: las partes en las que, por cierto, es m√°s probable que otras personas se fijen y recuerden mi aspecto. No creo que sea una coincidencia que las partes que generalmente amamos de nosotros mismos, o al menos las partes con las que estamos en paz, sean las partes que otras personas aman de nosotros tambi√©n, mientras que la mayor√≠a de las cosas que nos disgustan de nosotros mismos probablemente otras personas ni siquiera las registran.

Cómo me veo a mí mismo cómo me ven los demás

Nuestras c√°maras no son tan sorprendentes porque pueden ajustarse para enfocar las luces o las sombras, pero nunca las dos cosas a la vez. Por eso una c√°mara nunca podr√° ¬ęver¬Ľ tu verdadera apariencia y reflejarla como lo hacen los ojos de otras personas.
Otro hecho es que las personas atractivas se comparan con otras personas atractivas, y las personas poco atractivas toman su autoestima de las personas poco atractivas. Por tanto, nuestra visión de nosotros mismos puede verse afectada por las personas que nos rodean, debido a la forma en que comparamos nuestro aspecto con ellas.
El True Mirror, patentado por primera vez en 1887, utiliza una combinaci√≥n de dos espejos colocados en √°ngulo recto. Forma una imagen sin fisuras, tridimensional y no invertida. Las personas que han tenido la oportunidad de mirarse en un espejo verdadero han dicho que su experiencia fue: ¬ęComo si me encontrara conmigo mismo por primera vez¬Ľ. As√≠ de radical era la diferencia en su apariencia.

Cómo me ven los demás ensayo

No puedes controlar a qui√©n le gustar√°s, a qui√©n te vilipendiar√°, a qui√©n hablar√° bien de ti, a qui√©n te juzgar√°, a qui√©n te querr√°, a qui√©n te tratar√° injustamente, a qui√©n te apoyar√°, a qui√©n difundir√° mentiras sobre ti o a qui√©n ser√° tu mayor fan. Literalmente, no podemos controlar c√≥mo se va a sentir, pensar o tratar cualquier otra persona. Cuando llegamos a reconocer esto como un hecho real, podemos centrarnos en la √ļnica cosa en esta vida que realmente podemos controlar, y es c√≥mo nos sentimos con nosotros mismos.
Al buscar la aprobaci√≥n de los dem√°s sobre m√≠, hab√≠a renunciado literalmente a mi capacidad de control para saber qui√©n era. Hab√≠a renunciado a toda capacidad de controlar mi propia felicidad al poner ese poder en manos de cualquiera que quisiera formarse una opini√≥n sobre m√≠. Me sent√≠a impotente. Entonces, un d√≠a, un sabio consejero me ayud√≥ a ver que mientras me preocupara por lo que los dem√°s pensaran de m√≠, nunca iba a tener verdadera confianza en m√≠ misma, porque literalmente no pod√≠a controlar los juicios de los dem√°s sobre m√≠, y el hecho es que los dem√°s nunca est√°n equipados para emitir un juicio justo sobre nosotros porque no son Dios, y Dios es el √ļnico equipado para emitir juicios justos. El consejero me ayud√≥ a darme cuenta de que ten√≠a que dejar de preocuparme por lo que los dem√°s pensaran de m√≠ y empezar a centrarme por completo en lo que yo pensaba de m√≠ misma. Primero ten√≠a que bloquear las opiniones de los dem√°s sobre m√≠ y, en cambio, centrar toda mi atenci√≥n en ser la chica que quer√≠a que Dios viera en m√≠. Dios era la √ļnica persona a la que ten√≠a que preocuparme de complacer, y complacerle a √Čl era algo sobre lo que ten√≠a un control total. De repente, ya no me sent√≠a impotente.

Cómo me ven los demás cámara

Tasha Eurich es psic√≥loga organizacional, coach de liderazgo y autora del bestseller del New York Times Insight: Why We’re Not as Self-Aware as We Think, and How Seeing Ourselves Clearly Helpsit at Succeed at Work and in Life. Recientemente se sent√≥ con la pensadora empresarial Whitney Johnson en el podcast Disrupt Yourself para hablar de por qu√© la visi√≥n que tienen los dem√°s de ti puede no coincidir con la que tienes de ti mismo, y c√≥mo podemos armonizar esas dos perspectivas.
Tasha: Mi pasi√≥n se encendi√≥ realmente cuando empec√© a entrenar a ejecutivos y directores generales. Segu√≠ viendo ejemplo tras ejemplo de clientes muy valientes y comprometidos que quer√≠an verse a s√≠ mismos con claridad, que quer√≠an aclarar qui√©nes eran, qu√© representaban y c√≥mo los ve√≠a la gente que trabajaba para ellos. Y al hacerlo, alcanzaron el √©xito y la confianza desde una perspectiva financiera y emocional. Despu√©s de ver esto tantas veces, me pregunt√©, ¬Ņqu√© sabemos cient√≠ficamente sobre la autoconciencia? En realidad no sab√≠amos mucho desde el punto de vista cient√≠fico, as√≠ que tuve este momento de ¬ęBueno, lo descubrir√© yo mismo¬Ľ.